Cáncer de cérvix: prevención, diagnóstico y recuperación de las pacientes
El cáncer de cérvix o cáncer de cuello uterino es un tumor que comienza con áreas de células microscópicas anormales en la superficie del cuello uterino. Se producen mutaciones (cambios) en el ADN de estas células que hacen que se vuelvan anormales y potencialmente cancerosas. Estos cambios se conocen como displasia cervical o neoplasia intraepitelial cervical (NIC). Si no se trata, la displasia de cuello uterino puede convertirse en cáncer de cuello del útero.
El cáncer de cérvix es el tercer cáncer más frecuente en las mujeres en EEUU, sin embargo, tiene una mayor incidencia en países en vías de desarrollo, donde ocurren el 83% de los casos a nivel mundial. En España, la incidencia de este tipo de cáncer se halla en el segmento bajo europeo, con una tasa poblacional media de 7.6 x 100.000 mujeres/año, aunque con fuertes diferencias territoriales. En los últimos años la incidencia en conjunto se ha estabilizado, a excepción del grupo de mujeres menores de 45 años donde se registra un incremento claro y sostenido.
Desarrollado el cáncer invasor, el pronóstico está directamente relacionado con el estadio del cáncer en el momento del diagnóstico. En los países desarrollados, gracias al screening, al conocimiento de los factores pronósticos y al establecimiento de tratamientos multidisciplinarios, la mortalidad por cáncer de cérvix ha disminuido un 75% en los últimos 50 años. Sin embargo, en países en vías de desarrollo sigue siendo un cáncer con una tasa de mortalidad cercana al 50%.

VPH como desencadenante del cáncer
El cáncer de cuello uterino se da en mujeres sexualmente activas existiendo evidencia consistente que está relacionado con la infección del Virus del Papiloma Humano (VPH). Se conocen más de 150 tipos de VPH, de los cuales alrededor de 40 infectan el área genital y anal, atribuyéndose capacidad oncogénica a 10 de ellos. La prevalencia de VPH de alto riesgo (oncogénicas) en la población general se correlaciona muy bien con las tasas de incidencia de cáncer de cuello uterino en el mundo.
La infección por VPH es la enfermedad de transmisión sexual más frecuente y evoluciona de forma natural hacia la curación espontánea (más del 90% de los casos). La prevalencia del VPH se asocia a la edad, siendo más alta al inicio de las relaciones sexuales y responde al patrón de comportamiento sexual de la comunidad.
Las poblaciones en las que son varios los compañeros sexuales y el número de ocasionales es elevado, la prevalencia puede llegar al 30-40% en mujeres menores de 25 años.
Posteriormente, disminuye la prevalencia a valores entre 3-10%. En algunas poblaciones, se ha observado un segundo pico en mujeres post menopáusicas cuya interpretación está siendo objeto de estudio.
Prevención y diagnóstico del cáncer de cérvix
El conocimiento de la historia natural y reconocimiento de las fases premalignas con posibilidad de tratamiento efectivo confieren la posibilidad de instaurar medidas de cribado frente al cáncer de cérvix.
Asimismo, el reconocimiento de una causa infecciosa necesaria como es el VPH ha permitido diseñar una vacuna para inmunizar a la población frente a este virus, evitando el desarrollo posterior del cáncer.
En relación con su diagnóstico, en la actualidad, el cáncer de cuello uterino se diagnostica con mayor frecuencia mediante una biopsia de cuello uterino. Se extraen muestras de tejido cervical y se analizan para detectar displasia y cáncer.
Las pruebas de imagen ayudan a determinar la extensión del cáncer antes del tratamiento. Pruebas de imagen iniciales pueden incluir Tomografía Computarizada (TC), Resonancias Magnéticas (RM), Tomografía de emisión de positrones (PET) y/o ultrasonido transvaginal.
Es posible que se necesite una cistoscopia y/o proctoscopia bajo anestesia para buscar signos de cáncer en la vejiga y el intestino.
El tratamiento conservador de la fertilidad puede ser una opción para el cáncer que se encuentra solo en el cuello uterino. El estadio es una clasificación de la extensión del cáncer antes de administrar cualquier tratamiento. Se utiliza para determinar sus opciones de tratamiento.
Tratamientos para el cáncer cuello uterino
Dependiendo del grado y extensión del tumor, se pueden aplicar distintos tipos de tratamiento:
La histerectomía es una cirugía que extirpa el útero (incluido el cuello uterino). Según el tipo de histerectomía, algunas pueden extirpar la vagina y parte del tejido conectivo del cuello uterino. Los ovarios pueden extirparse o conservarse durante la histerectomía.
La traquelectomía es una cirugía que extirpa el cuello uterino. Es un tipo de cirugía conservadora de la fertilidad. También se puede extirpar la parte superior de la vagina.
La radioterapia utiliza ondas de alta energía similares a los rayos X para destruir las células cancerosas. Los dos tipos principales de radioterapia que se usan para tratar el cáncer de cuello uterino son la radioterapia de haz externo (EBRT) y la radioterapia interna (braquiterapia). La braquiterapia permite una alta dosis de radiación dirigida al tumor mientras se limita la cantidad administrada al tejido normal circundante.
La terapia sistémica es el tratamiento con sustancias que viajan en el torrente sanguíneo, alcanzando y afectando a las células de todo el cuerpo. La mayoría se administran vía intravenosa. La quimioterapia, la terapia dirigida y la inmunoterapia son tipos de terapia sistémica. La quimioterapia basada en platino es la terapia sistémica más utilizada para el cáncer de cuello uterino.
La radioterapia externa y la quimioterapia a menudo se usan juntas para tratar el cáncer de cuello uterino. Se administran simultáneamente (durante el mismo período) en una estrategia de tratamiento llamada quimiorradiación. Esta terapia se recomienda para la mayoría de los cánceres de cuello uterino localmente avanzados (tumores que han crecido más allá del cuello uterino pero no se han propagado al hígado, los pulmones o los huesos).
Recuperación de pacientes
Muchas mujeres supervivientes de cáncer de cuello uterino experimentan problemas con la función intestinal, urinaria y sexual. Otros efectos secundarios físicos incluyen infertilidad, menopausia temprana, fatiga, insomnio…
Para poder superar algunos de los efectos secundarios, se recomienda a las pacientes la fisioterapia de suelo pélvico, la terapia de reemplazo hormonal, humectantes y dilatadores vaginales. Así, es importante acudir a los terapeutas de salud sexual que se especializan en ayudar a los supervivientes de cáncer y otras personas a superar y manejar los efectos secundarios en la esfera sexual del tratamiento del cáncer.
Igualmente, después del tratamiento del cáncer de cuello uterino pueden surgir otros efectos relacionados con la salud mental, como la depresión, la ansiedad, el miedo a la recurrencia y los problemas para adaptarse a los cambios en el cuerpo. Por ello, también conviene ponerse en manos de un psicólogo oncológico.
Autor:
Ana Roldán Mena, oncóloga de Oncoavanze

